miércoles, 7 de octubre de 2009

Cuento No. 7

Fui de paseo a un lugar especial montada en un viejo carrusel... mágico, cuando fui a Disney, el caballo subía y bajaba y al mismo tiempo giraba, cada vez más rápido sentía que mi cuerpo perdía fuerzas ... de repente me encontré en el castillo de la Bestia junto a la Sra. Pot. Comencé a preguntarle por el resto de los personajes, pero solo me preocupaba una cosa, no quería que mi papá se perdiera en el bosque, que Gastón se enfrentara con la Bestia y angustiada le pregunté a la Sra. Pot: “¿Qué hago? Quiero un final feliz, que la Bestia se convierta en mi príncipe pero sin las luchas”. “Si te dejas enamorar tendrás un final feliz...

Sonaron las campanas del reloj, era la hora de la cena y la Bestia ví venir. Me tomó de la mano, me llevó al comedor, cenamos juntos a la luz de las velas, salimos a caminar bajo la luna y en aquel momento vi la primera estrella de la noche y le pedí que llevara mis más íntimos deseos al hada de los sueños.

Al regresar al castillo le leí cuentos a la Bestia, terminamos aquella noche bailando en el gran salón, sentí mi corazón latir con gran fuerza, el hada de los sueños estaba poniendo en mi, amor para la Bestia y mientras dábamos vueltas al bailar, la bestia en príncipe se transformó. Mi sueño se había convertido en realidad y colorín colorado este cuento se ha terminado.

Mónica Caram

Cuento No. 8

Fui de paseo a un lugar especial, montada en un viejo carrusel... Este sitio no era un lugar cualquiera. Era mi utopía. Mientras subía y bajaba sobre mi unicornio de plástico, este me conducía alrededor de todo el lugar. Era un mundo espectacular. El sol radiaba alegría; un arcoiris brillaba con escarcha; el agua de los ríos sabía a jugo de cereza; los grillos tocaban una sinfonía de Mozart… Todo era perfecto.

Continuaba con mi excursión cuando, de repente, mi unicornio se detuvo. Frente a mí estaba un gran precipicio que aparentaba no tener fin. Al otro extremo del precipicio tampoco se podía definir nada ya que una gran neblina ocultaba todo. Me desmonté cuidadosamente e intenté girar al unicornio para que siguiera caminando en otra dirección. Este permaneció tan rígido como una roca.

Decidí entonces devolverme caminando. Pasé por el río, por el arcoiris de escarcha, por un bosque de algodón dulce, por muchos otros lugares encantadores pero no me quería detener. No estaba segura a donde era que quería llegar, pero sabía que no eran estos lugares. Había estado caminando durante casi cinco horas y ya estaba cansada. Decidí detenerme debajo de un gran árbol frondoso a tomar una siesta a ver, si además de descansar, podría aclarar mi mente y decidir que hacer.

Al despertarme, apenas podía reconocer el árbol debajo del cual estaba acostada. La gran neblina que había visto del otro lado del precipicio me había alcanzado y me rodeaba completamente. ¿Dónde estaba? ¿Qué era todo esto? ¿Cómo me podía regresar? ¿Quién me podría ayudar? Me cuerpo se llenó de miedo y ansiedad, cerré los ojos y empecé a llorar.

Mientras lloraba, empecé a escuchar una suave música alegre. También comencé a escuchar murmullos y risas. Abrí los ojos, y para mi sorpresa, estaba de vuelta en el carrusel viejo, encima del unicornio de plástico, dando vueltas dentro de una feria. Limpié las lágrimas de mi rostro. Y me desmonté.

Lisette García

Cuento No. 9

Fui de paseo a un lugar especial, montada en un viejo carrusel, girando y girando en mi caballo rosado podía ir y venir tantas veces quisiera, pero nunca podía quedarme.

En este lugar reinaba el color verde, era un lugar amplio y lleno de vida. Allí, montada y un poco incomoda, soñaba con poder apearme pero el carrusel seguía y seguía.
Allí había muchos niños y todos jugaban los uno con los otros. Brincaban, corrían, y gritaban de alegría; de mucha alegría.

Yo mientras me preguntaba porque el carrusel insistía en seguir girando, porque no se detenía un rato en aquel lugar tan lleno de felicidad y compañía.
Pero a veces me preguntaba ¿qué haría si realmente se cumplía mi sueño de apearme de ese lado?, pues si el caballo rosado regresaba al otro lado al girar y yo no estaba sobre el ¿Qué pensaría mi madre?. Yo debía permanecer sobre el caballo que ella había elegido para mí y saludarla agitando mi mano siempre que cruzaba frente a ella.

La música del carrusel era suave y delicada, me gustaba escuchar con atención los instrumentos que formaban parte de la melodía. Las canciones me ayudaban a soñar con aquel lugar al que iba de paseo una y otra vez pero en el que nunca podría apearme. Era más bien, una ilusión del paseo de mis sueños, una y otra vez.
Cada vez que el carrusel terminaba su ronda, mi caballo quedaba frente a frente de mi madre quien agitaba sus brazos para recibirme con un fuerte y caluroso abrazo. Ella no entendía porque si no me gustaba girar en el carrusel, quería volver a subir una y otra vez.
Le expliqué que en mi caballo rosado, que tenía una de sus patas rotas, viaja a un lugar especial lleno de magia, donde las flores brillaban y las mariposas eran de infinitos colores resplandecientes.

Mi madre no podía entender como un viejo y lento carrusel colocado en el patio de una casa podía transportarme a un lugar tan especial. Me explicaba una y otra vez que los carruseles giran sobre un eje y que era imposible que viajara a ningún lugar. Río de mí con dulzura y luego al ver que no lograría convencerme de lo contrario, empezó a entusiasmarme con la idea de viajar a Roma o África montada en aquel viejo caballo ya un poco desteñido. Al principio pensé que se burlaba de mí, pero luego me di cuenta que su intención era seguir la corriente como en una especie de juego. Realmente no creía que lo que le decía era posible, así que, empezó a inventar historias sobre caballos voladores y no sé cuantos disparates más.

Entonces enfurecí y le dije que comprobaría que lo que decía era totalmente verdadero. Le insistí en tomar el viaje conmigo, ella por complacerme decidió subir al carrusel. Los demás caballos se encontraban rotos pues mi padre al reparar el viejo carrusel solo preparó mi caballo pues quizás nunca imaginó que alguien viajaría conmigo alguna vez.

Mi madre encontró justo a mi lado un tubo un poco oxidado del cual decidió sostenerse para hacer el viaje parada junto a mí. Encendió el carrusel e iniciamos el viaje que demostraría que yo no estaba loca. Ella se sostuvo firmemente del tubo con una mano y con la otra me abrazaba pegada a su estomago. Entonces fue pocos segundos después cuando pudo ver de lo que yo le hablaba.
Sus ojos se llenaron de lágrimas pero al mismo tiempo su boca dibujo una sonrisa enorme. Me puse muy contenta, mi madre también había reconocido la magia de aquel lugar, me abrazó más fuerte por dos o tres segundos y salto del carrusel rápidamente con mucha agilidad. Me asusté, ahora ya no entendía que ocurría, ella apago el motor del carrusel y extendió los brazos para que yo bajara de mi caballo.

Le hice caso con un poco de tristeza, ¿qué estaba pasando?, acaso no era un sonrisa lo que había en su rostro al ver aquel paisaje de colores.
Tomó mi brazo con firmeza y me llevo hasta la puerta principal de la casa, Allí, por su propio mandato permanecí unos segundos mientras ella subía de dos en dos los escalones de las escaleras y regresaba corriendo con la cartera sobre su hombro.
Abrió la puerta aceleradamente, para entonces ya yo estaba llorando y preguntaba con temor que ocurría pero ella no contestaba.

Caminamos una cuadra completa y giramos en una dirección que nunca habíamos caminado antes. Entonces empecé a escuchar muchos niños gritando, no podía creerlo sonaba igual que aquel lugar especial, varios pasos después podía verlo con mis propios ojos. Estaba allí, frente a mí, y no había nada que me separara de él. Miré a mi madre a los ojos y sequé mis lágrimas, solté su mano y sin decir palabra me introduje en aquella grama y empecé a jugar como siempre había soñado.

Esa tarde, viajé por primera vez a ese lugar especial, ya no era un paseo frente al paisaje, ahora formaba parte de aquella magia.

Mariel Mena

Cuento No. 10

Fui de paseo a un lugar especial montada en un viejo carrusel y los árboles con sus verdes hojas me saludaban al pasar era una camino de piedras un sendero sin final y mi imaginación volaba, mientras el viejo carrusel al río se acercaba y giraba y giraba, el ruido se sentía sin parar en el afán de los unicornios por muy pronto llegar, las canciones de los pájaros inundaban el lugar, Ho si era un espacio ideal, el sol brillaba sin cesar, la combinación de los árboles, el río, las piedras lo hacia único, maravillo y real. Allí pude ser feliz correteando con los unicornios de diferentes colores soñaba con no regresar, de pronto la lluvia invadió el lugar las flores sonreían al verse mojar, las gotas cristalinas bailaban de felicidad, el río creció y muy lejos llego, las piedras tornaron su asombroso color todo fue intenso y el sol volvió y llego y todo seco, fue mágico, el viejo carrusel estacionado quedo pero mi imaginación voló, voló y voló……….

Luz Rosalía Matos

Cuento No. 11

Fui de paseo a un lugar especial montada en un viejo carrusel, cada vez que iba al parque con mis padres mi lugar favorito era un viejo carrusel, entraba corriendo y me dirigía directamente a ese viejo carrusel que casi nadie usaba pero que era mágico, cada vez que subía en el me trasladaba a un lugar hermoso donde había un castillo, carruajes, hadas y yo era la princesa, el lugar se llamaba el mundo mágico de Ana y las calles eran de cristal y las casas y el castillo estaba hecho de piedras preciosas, cada vez que iba me encontraba con muchos amigos con quien podía jugar y con las hadas que también eran mis amigas, era un lugar hermoso con jardines, ríos, cascadas, muchos árboles donde yo solo tenia que levantar mis brazos y podía comer todas las frutas que quisiera.
Mi caballo se llamaba nitro, con el que podía pasear y pasear por todo los hermosos lugares de esta ciudad mágica, me sentia libre y especial, era hermoso poder ir a este lugar cada vez me subía en el viejo carrusel.
Mi padre me espera, es hora de volver, pero es bueno saber que siempre puedo regresar a mi viejo carrusel.
Adelaida Sánchez

lunes, 5 de octubre de 2009

Tips para lograr un aprendizaje desde un enfoque constructivista


  • Partir de los conocimientos y experiencias que poseen el niño y la niña

  • Reconocer que todos los niños y las niñas, aunque puedan tener muchas semejanzas entre ellos/as, son personas distintas con diferencias particulares.

  • Motivar el lenguaje escrito

  • Reconocer la lengua escrita como objeto social y cultural

  • Conocer y respetar los niveles de conceptualización en la evolución de la escritura (hipótesis, pre-silábica, silábica, alfabética)

  • Crear un clima armónico de trabajo colectivo

  • Planificar las actividades de manera flexible

Enseñanza de la lectoescritura desde el enfoque constructivista

Dentro de un enfoque constructivista del aprendizaje, el lenguaje es visto como un medio para resolver necesidades prácticas y concretas, es por este motivo que se trabaja lenguaje escrito a lo largo y a lo ancho de toda la actividad escolar, comenzando desde el nivel inicial.
En este enfoque se parte de las ideas previas de los niños y niñas acerca de la lectura y la escritura, y de las informaciones facilitadas por los profesores y profesoras, intentando así construir un pensamiento acerca del lenguaje escrito a través del aprendizaje significativo, trabajado con textos reales, entendidos como aquellos que poseen un significado para la realidad de los niños y niñas, usando siempre el lenguaje con una intención, con un uso que puede variar desde para comunicar algo hasta para disfrutar y compartir. El trabajo del profesor y profesora debe ser un modelo motivador a seguir por sus alumnos, leyendo y escribiendo todo lo posible y con sentido, en presencia de ellos y haciéndolos partícipes.